Con profunda tristeza, pero también con una profunda gratitud por su invaluable legado y dedicada entrega a la educación, la comunidad de la Región del Biobío despide a Vladimir Ramírez Rebolledo, rector del Colegio Concepción Chiguayante y miembro de la Corporación Educacional Masónica de Concepción, cuya trayectoria dejó una huella imborrable en generaciones de estudiantes, docentes y familias.
Su última despedida será hoy (11 horas), en una ceremonia que congregará a su familia, a la comunidad educativa de los Colegios Concepción y a representantes de la masonería, instancia en la cual se rendirá un sentido homenaje para reconocer la trayectoria de un hombre cuya existencia fue, en sí misma, una lección de rectitud, cercanía y profunda vocación docente.
Orígenes y una vocación descubierta en la reflexión
Nacido en el seno de una familia sólidamente radicada en Concepción, don Vladimir fue hijo de Raúl y Alicia. Junto a ellos y a sus cuatro hermanos forjó los cimientos de una calidad humana caracterizada por el tesón y el respeto. Realizó sus estudios escolares en el Colegio de los Sagrados Corazones, una etapa que despertó en él una activa curiosidad intelectual.
Inicialmente, motivado por su gusto por la investigación, ingresó a estudiar la carrera de Biología Marina. No obstante, este paso fue el preludio de una búsqueda más reflexiva que lo llevó a descubrir su verdadera e irrenunciable vocación: la enseñanza. De este modo, se tituló como profesor de español y, con los años, consolidó su preparación académica mediante estudios de postgrado en administración y currículum educacional.
En el plano personal, compartió su vida y sus ideales con su esposa Carolina, también educadora, con quien construyó una hermosa familia compuesta por sus dos hijos, quienes siempre constituyeron su principal orgullo.
Veintidós años al servicio del proyecto educativo laico
El arribo de don Vladimir Ramírez a la Corporación Educacional Masónica de Concepción a fines del año 2003 marcó un hito definitivo en la historia escolar de la zona. En ese momento asumió la monumental misión de dirigir el entonces Colegio Reina Isabel La Católica, que se integraba formalmente a la institución. Durante sus 22 años en el cargo de rector, lideró con éxito la transformación técnica y espiritual de dicho establecimiento para dotarlo del sello y el espíritu laico que hoy distinguen al actual Colegio Concepción Chiguayante.
Su estilo de gestión se transformó en un referente regional. Don Vladimir ejerció un liderazgo fundamentado en la coherencia, el ejemplo cotidiano y la convicción absoluta de que la educación debe orientarse a formar personas libres, conscientes y comprometidas con su entorno social.
Quienes compartieron con él la tarea cotidiana de dirigir un colegio suelen coincidir en las mismas palabras. Lo recuerdan como un rector de puertas abiertas, cercano, siempre dispuesto a escuchar antes de decidir. Nunca necesitó levantar la voz para ejercer autoridad; bastaba su serenidad, su preparación y la confianza que inspiraba. Muchos destacan que hacía sentir importantes a las personas, desde un estudiante que buscaba orientación hasta un asistente de la educación o un docente que requería apoyo, gestos de cercanía que acompañaba con acciones como el saludo diario a los estudiantes al ingreso a clases. Esa capacidad de valorar a cada integrante de la comunidad educativa hizo que el respeto hacia él naciera de manera natural y perdurara mucho más allá de su cargo.
El valor de las humanidades y el pensamiento crítico
Para el rector Ramírez, educar era un acto de profunda humanidad destinado a ayudar a las personas a florecer y a concebir altas expectativas de sus propias capacidades. Fue un férreo defensor del rol de las humanidades —como la literatura, la historia, la filosofía y las artes— dentro del aula, considerándolas el ancla indispensable para una formación integral. Sostenía con insistencia que estas disciplinas son las únicas capaces de responder a los interrogantes esenciales de la existencia, protegiendo la dignidad del ser humano frente al riesgo de ser visto como un elemento reemplazable por la tecnología.
Reconocido por sus pares como un «lector empedernido» y poseedor de un conocimiento enciclopédico. Sentía especial fascinación por la historia, las religiones y los filósofos presocráticos, de manera particular por Tales de Mileto. De ellos rescató la máxima pedagógica de que «sin preguntas no hay conocimiento», impulsando un modelo educativo que incentivara a los estudiantes a cuestionar la realidad de forma activa. En sus momentos de introspección, disfrutaba de viajar y buscar refugio en la quietud de la naturaleza, apartándose del ritmo de la ciudad.
Trayectoria en el ámbito masónico
Su compromiso con el perfeccionamiento humano también se tradujo en una destacada y brillante trayectoria masónica. Ejerció la presidencia en calidad de Venerable Maestro (Presidente) de la Respetable Logia “Paz y Concordia” N° 13 y asumió la máxima responsabilidad al frente del Cuerpo Escocés Grado IV “Laurel” N° 3. En ambos talleres institucionales dejó una impronta inconfundible guiada por la templanza, la sabiduría, el diálogo paciente y la búsqueda sincera de la verdad.
Un adiós institucional
El presidente de la Corporación Educacional Masónica de Concepción, Juan Francisco Fernández Argandoña, es el encargado de expresar el sentir de la institución ante la partida física de una de sus figuras más queridas y respetadas.
«Aunque hoy lo despedimos físicamente, su legado permanece. Vive en cada estudiante que formó, en cada colega que inspiró y en cada hermano con quien compartió la ruta. Porque hay vidas que no terminan: trascienden», manifestó en el último adiós a un ciudadano ejemplar de Concepción.
Su velatorio se llevará a cabo en:
Los Tilos N.° 1165, en el Templo Masónico de la R:. L:. «Paz y Concordia» N°13
Barrio Universitario, Concepción
El cortejo fúnebre se realizará el miércoles 1 de julio, a las 11:00 horas, en Los Tilos N.° 1165, Barrio Universitario, Concepción.
Posteriormente, se dirigirá al Cementerio General de Concepción.